Anticorrupción feminista: rendición de cuentas desde los territorios

El 2 de septiembre participamos en el webinar organizado por Global Fund for Women y el U4 Anti-Corruption Resource Centre, un espacio dedicado a explorar cómo las organizaciones feministas entienden y confrontan la corrupción, y cómo están fortaleciendo la rendición de cuentas desde los territorios. El encuentro sirvió además para presentar el informe «Feminist Anti-Corruption in Practice: Insights from Global Fund for Women’s Grassroots Feminists’ Anti-Corruption Learning Project».

Desde ILDA, comaprtimos en este panel la experiencia en el proyecto Anticorrupción Feminista, desarrollado en Guatemala y Colombia. En este blog, comparto algunas de las ideas principales:

¿La corrupción es neutral?

¿Qué pasa cuando hablamos de corrupción, pero no preguntamos cómo esta afecta de manera diferente a mujeres, niñas y personas LGBTIQ+? Partimos del hecho de que la corrupción no es neutral, pues sus impactos dependen del género, la clase, la etnia o el territorio. Además, existe una desigualdad estructural frente a ella: cuando la corrupción deteriora servicios públicos como salud, educación, justicia o protección social, golpea con más fuerza a comunidades que ya enfrentan barreras. Mujeres, niñas y personas LGBTIQ+ cargan con estos efectos de manera desproporcionada. Para ellas, la corrupción se suma a las desigualdades que ya atraviesan sus vidas.

Mujeres y diversidades como agentes de cambio

Las mujeres y diversidades producimos conocimiento, defendemos nuestros derechos y somos agentes de transformación que merecemos un lugar en los procesos de decisión. Por eso nuestras preguntas van más allá de indagar cómo afecta la corrupción. Queremos saber qué entienden las organizaciones feministas sobre ella en sus contextos, qué expresiones de corrupción se observan cotidianamente, qué información necesitan para actuar, cuáles son sus propias soluciones. En definitiva, esto es lo que significa escuchar con intencionalidad.

Los datos son políticos 

Los datos funcionan como instrumentos de poder e incidencia, más allá de ser recursos técnicos. Una cifra aislada queda incompleta sin el contexto que la rodea. Cada dato puede servir para sostener narrativas completamente distintas según quién lo interprete y con qué propósito.

El reto consiste en identificar qué información necesitamos para que las experiencias de mujeres y personas LGBTQ+ cobren visibilidad en el análisis de corrupción. Se trata de generar evidencia que muestre cómo la corrupción se entrelaza con desigualdades estructurales ya existentes.

La escucha como punto de partida

En Guatemala y Colombia trabajamos con organizaciones feministas y liderazgos comunitarios en colaboración con Artemisas, mediante una encuesta para identificar, desde perspectiva de las comunidades, los problemas y prioridades. Para que lo técnico abonara a lo que ya estaba ocurriendo en el territorio, fue necesario llegar al proyecto sin una agenda técnica ya definida. Cuando se plantea este tipo de abordaje, los datos adquieren otra dimensión: dejan de ser números descontextualizados para convertirse en historias de personas. Esas historias merecen llegar a los espacios donde se formulan las políticas.

Combinar datos, comunidades e incidencia

La estrategia requiere tres componentes simultáneos. Primero, recopilar información directamente con las comunidades. Segundo, transformar esa información en datos sistematizados. Tercero, convertirla en mensajes claros que circulen en espacios de decisión: diálogos con gobiernos, iniciativas de organismos multilaterales, mesas de gobierno abierto donde la sociedad civil y los Estados negocian reformas.

También significa ampliar la conversación: la corrupción no es solo un problema de individuos corruptos ni de fallas institucionales, es un tema que atraviesa las desigualdades estructurales de nuestras sociedades. Una mirada feminista implica preguntar qué relaciones de poder permiten que exista, quién decide, quién puede denunciar, y cómo impulsar mecanismos de rendición de cuentas con perspectiva de género que no sean solo de arriba hacia abajo, sino construidos desde lo que las comunidades exigen y ponen sobre la mesa.

Agradecemos a Global Fund for Women y a U4 Anti-Corruption Resource Centre por poner las voces feministas de la región en el centro de la agenda anticorrupción. Seguiremos tejiendo puentes entre organizaciones técnicas y territoriales, porque hoy se necesita más colaboración que nunca.